Un día normal · 714
Hay días que no esconden nada especial. Esos días en los que te levantas tarde simplemente porque sabes que estar en la cama es mucho más apacible que estar buscando y decidir qué hacer, aunque exista toda una lista de cosas pendientes y un interminable elenco de posibilidades por descubrir.
Son días para finiquitar temas burocráticos, cortarse el pelo, hacerse fotos, ver una película u otras muchas ocupaciones más o menos voluntarias y apetecibles. Pero también son días en los que nada te parece suficiente. Son días en los que sabes que sólo estás preparándote para lo que vendrá pero aún así sientes la necesidad y las ganas de calentar para no tener que comenzar a correr en frío.
Y es que cargo con un defecto de fábrica: me despisto un momento y me vuelvo ocioso. No me gustan esas cintas transportadoras que te hacen ver como va quedando todo atrás sin que tú muevas las piernas. Hay otras muchas cosas que no me gustan. Y seguramente haya muchas más que me gusten. Mientras tanto aquí estoy, quieto y sin que nada me mueva hasta que yo mismo lo decida.
Son días de transición…


