Cuerpos voladores · 775
Así, casi por sorpresa, me llegó ese masaje, ese cosquilleo puntual y concreto que en otras circunstancias habría podido suponer incluso un comienzo de excitación. Pero de repente intenté esquivarlo y, más aún, lo conseguí.
En cuestión de un instante me di cuenta y me vino un pensamiento tajante: “¿Y ahora qué?”. Así entendí que realmente no era molesto, que había reaccionado de esa manera por simple inercia y, lo peor y más desesperante de todo, que no sería yo quien decidiera que volviera esa especie de placer que había rechazado.
Entonces me quedé a la espera y en esa espera quizás hasta llegué a desesperar. Porque no tenía lo que en ese momento quería y no lo tenía porque yo mismo era quien había decidido no querer tenerlo. Qué estupido. Recapacité y pensé que si volviera lo aprovecharía y no volvería a mostrarme reacio a ello.
Y esperé más. Y esos instantes duraron siglos. Pequeños siglos hechos de segundos y segundos de duración relativa. Y volvió. Y volví a sentir ese masaje, ese cosquilleo, esas ganas de que se apoderara de mi cuerpo entero de forma desmedida, intemporal y a pesar de que no fuera yo el que tuviera el control original de ese placer, que, de cualquier manera, ya siempre sería un placer que en un momento rechacé.
Y lo que ocurrió fue mi merecido. Intermitencias ajenas de algo personal. Idas y venidas entre intentos de retenciones fallidas. Y más segundos dilatados y más esperas culminadas con grandes placeres justo antes de la siguiente nueva espera.
Son los placeres rechazados de los cuerpos voladores…



Ves como a veces lo correcto no es lo mejor!!
Comentado por MR — 06|08|08 — 2:04 pm