13|07|08
Despertar para viajar. Limpiarse por lo que vendrá. Coche, movimiento, sol, música, compañía. Llegar. Calor. Más compañía. Bebida. Bebida. Y comida.
Caminar y su movimiento. La compañía ya exagera y el espacio mengua. La bebida ya sólo es líquido. Los líquidos se derraman. Entran, salen, se frotan, se disparan, se deslizan y, en cualquier caso, terminan en el suelo. Porque todo y todos acaban en el suelo. Suelo difícil de pisar. Suelo que puedes llegar a sobrevolar gracias a la compañía, que ya abusa tanto como tú de ella. Y aún más confusión líquida.
El líquido se evapora y así llega cierto grado de tranquilidad. Dulce tranquilidad pegajosa. Tranquilidad cuya vista empieza a flaquear, cuyos pasos terminan por serpentear. Tranquilidad a cualquier tipo de ritmo, por melódico o estrepitoso que llegue a sonar. Bebida.
El movimiento torna a ser horizontal. Bebida, comida, compañía. Frío. Bebida, comida, compañía y frío. El frío enfría. La compañía calienta. El calor adormenta. Del vertical al horizontal. Dos posturas. Una tercera de última hora. Dormir frío, despertar caliente. Hoy como ayer pero al revés.
Viajar para descansar…
18|06|08

Volver a despegar cuando no recuerdo haber aterrizado aún. Volar al volar y aterrizar durante el vuelo. Porque esto no se para por posar los pies en tierra. Porque esto no entiende de tierra, de cielo ni de infierno. Esto es lo que puedo llegar a ser. Lo que pretendo conseguir ser. Esto es mi camino rumbo a ningún destino. Rumbo a lo que anhelo.
Rumbo a lo que quiero…
11|06|08
Hoy la felicidad avanza sobre dos finas ruedas y esquiva muy diferentes obstáculos. Aceras plagadas de gente de pelo con color poco definido y con cara de comer mucho queso y beber buen vino. Carreteras llenas de coches de todas las gamas, épocas y estilos que tienen el valor de apoderarse de lo que quizás no merezcan. Y todo con cierto aire de superioridad, cierto autoconvencimiento de que aquí hubo y, aunque dejara algún día de haber, no lo reconocería nadie.
La felicidad aquí es tricolor y con un eslogan tan revolucionario como antiguo. Un paisaje que ya me resulta extrañamente familiar. Adoquines, tejas oscuras, trenes con ruedas, un símbolo universal hecho de acero que asoma por doquier y un agua que por oscura que corra hace su función de manera singular. Parece demasiado lo que se ve pero en realidad es más de lo que se puede imaginar.
Sí, admito que me ha terminado poseyendo, yo que me mostré reacio a ello. Admito que ahora hasta compartiría largo tiempo con él. Admito que nuestro roce extiende una sensación que avanza bajo mi piel y que me pone los pelos de punta durante más tiempo de lo que dura el puro placer. Admito que creo haber llegado a entenderlo. Y esto es aquí. Y esto ya será siempre.
No por ser, sino por ser para mí…
08|05|08
30|04|08
Hoy catalogo los desplazamientos en todas sus variantes que se me ocurren y me doy cuenta de que lo único que comparten es la importancia de su existencia. Porque aún no podemos hacer eso de ponernos dos dedos en la frente, pensar donde queremos ir y aparecer en el lugar deseado. No. Ni tampoco tenemos una puerta más o menos artesanal que traspasándola nos lleve a nuestro destino.
Por eso nos desplazamos constantemente. Las mañanas se convierten por lo general en recorridos multidireccionales en los que a diario terminas desplazándote en paralelo a varias decenas de personas que no conoces ni conocerás nunca, pero bien que las reconoces cada vez que les ves. Y las tardes, por contra, suelen estar plagadas de los recorridos inversos que llevan a cada uno al punto de partida de la mañana siguiente.
Pero esos no son mis desplazamientos favoritos, ni mucho menos. Nos desplazamos dentro de nosotros mismos, independientemente del comportamiento físico de nuestro cuerpo. Nos desplazamos para ser mejores o intentarlo. Nos desplazamos para evitar lo que no queremos que ocurra. También otros nos desplazan dulcemente haciéndonos cambiar casi sin ofrecer resistencia. Y a veces ocurre todo lo contrario y nos sentimos desplazados.
El movimiento es inevitable. Y necesario. Es nuestra historia interminable en la que escribimos lo que somos en base a lo que hacemos. Una historia en la que, también en esta ocasión, la Nada puede apoderarse de nosotros hasta consumirnos y hacernos formar parte de su abismo. Y frente a ello cada cual actúa de una manera porque, aunque el planeta se desplace como nosotros hacia su frente y al mismo tiempo en base a sí mismo, con eso no basta.
Hoy me desplazo kilómetros al sur hasta el domingo, hasta pronto…
21|04|08

Un día te advierten de que estás viviendo una experiencia bucólica y en ese momento te das cuenta de que realmente no tienes muy claro ese concepto, pero el caso es que no puede ser malo cuando lo que sientes es tan agradable. Y en ese instante tu cerebro funciona de forma paralela a ese pensamiento. Lo interrelaciona con millones de cosas que tú mismo no puedes asimilar instantáneamente pero que en algún lugar de ti quedan registradas para que vayan floreciendo poco a poco y despertando así nuevas sensaciones a raíz de lo acumulado y frente a cualquier estímulo que te ataque los sentidos.
Te sientes bien en ese paisaje bucólico y aunque no estés seguro de lo que significa. Y sientes que quieres pertenecer a él aunque sea el opuesto al que sustenta tu vida cotidiana. Todo a pesar de todo. Te llena. Te satisface. Te relaja y a la vez te excita y recarga. Quizás porque es de donde venimos originariamente, sin más atrezzo que lo que has ido formando artificialmente dentro de ti y que hace que te estés planteando esto mismo.
Entonces, ¿el bucólico nace o se hace…?
10|04|08
23|03|08

Cierras los ojos un minuto que te llevo a un lugar…
19|03|08
18|03|08
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