29|05|08
Ella me miró y me conquistó aún siendo consciente de que esa mirada tierna iba dirigida a quien realmente le interesaba y quien estaba posicionado justo a mi espalda. Ella se despidió y en su lugar quedó otra a quien descubrí mirándome cuando estaba distraído. Entonces apartó la vista. Yo pronto encontraría dónde perder la vista hasta el momento que la volví a mirar y volvimos a cruzar la mirada. Ella actuó automáticamente y esta vez la desvió hacia su derecha, mirando a través de la puerta. Yo también decidí mirar hacia mi derecha, a través de la ventana. Y allí estaba él. Le vi cómo intentaba intuir su reflejo en el cristal. Algo que todos hemos hecho olvidando que al otro lado hay alguien. Lo hacemos. Estamos frente a alguien y aunque tenga en frente un cristal siempre intentamos usarlo de espejo para vernos a nosotros mismos. Pero el parecía satisfecho con su perfil, con su imagen.
Y entonces aquello arrancó y así murió un momento que todos callamos y nadie valoró. Porque quizás no hiciera falta hablar nada. Porque quizás no mereciera valor alguno.
En segundos pensaba en la lentitud del tiempo cuando esperas algo…
28|05|08
Me da por hacerme preguntas. Me cuestiono cómo sería yo mismo sin la boca que me permite hablar. Qué sería de mí si no pudiera exteriorizar oralmente lo que pienso. Me cuestiono qué me pasaría si no tuviera manos con las que tocar, con las que hacerme una idea física de lo que me rodea. Con las que aportar algo más que lo que mi pobre boca expresa y no es suficiente.
Me asusta pensar que no tuviera la posibilidad de sentir roces, de diferenciar texturas o de caminar por donde los pies no pisan. Igual que si no tuviera las propias piernas con las que desplazarme allá donde me proponga o los pies que me permiten estar de pie al cansarme de estar sentado.
¿Y si no pudiera reconocer sabores? Si todo me resultara igual al gusto. O si no percibiera los olores y así me perdiera los mejores o los más personales. Todo sería tan igual que las posibilidades se reducirían al extremo.
Finalmente quedarme ciego y no ver lo que tengo delante. Que mis ojos no me ofrezcan el placer de mostrarme lo que existe físicamente para poder interaccionar con ello. Perderme los mejores paisajes y cualquier belleza por relativa que sea. Y, peor aún, que el oído no me permitiera escuchar ni lo que me llega a gritos. Oír sólo mi propio silencio y quedarme aislado en él; sin disfrutar de melodías rítmicas o narradas. Fomentando a que todo fuera un sinsentido.
Y mi última pregunta ahora es si realmente notaría el cambio…
27|05|08
Tanto él como ella tuvieron motivos para no estar convencidos. Se trata de casos independientes pero coincidentes, ya que ninguno de los dos llegó a reafirmarse en sí mismo al pensar que no tenía motivos suficientes para sentirse absoluto.
Esto mismo fue lo que hizo tanto a él como a ella preocuparse por intentar entender por qué esas carencias, esos defectos y esos pensamientos que, más que impedir nada, sólo eran estorbos para conseguir metas cuanto menos naturales.
Y así tanto él como ella llegaron a sentir que iban por el buen camino, que actuaban en consecuencia a sus conclusiones y se sentían orgullosos aún siendo los únicos testigos fieles y sinceros en comprobarlo.
Pero llegó un momento en el que esos logros alcanzados tanto por él como por ella quedaron a un margen mientras estaban ocupados en otros quehaceres. Lo que les había costado un esfuerzo, se fue diluyendo como un simple efecto de un descuido progresivo. Siguieron adelante sin darse cuenta de que aquello cada vez se veía más pequeño y borroso.
Un día en el que tanto él como ella tuvieron algo de tiempo para pararse y reflexionar fue cuando se dieron cuenta de lo ocurrido, de la pérdida, de la estupidez. Lo que ya habían superado, les había vuelto a superar a ellos. Y eso les hizo sentir algo tontos, algo inútiles y algo arrepentidos.
Conscientes de ello, tanto él como ella deberán actuar…
25|05|08
En esta farmacia abierta 24 horas durante los 365 días del año tenemos solución para todos sus males. Nuestra gran rebotica está llena de todo tipo de productos, ungüentos y demás elementos que le harán la vida más fácil. Le recomendamos la química de la casa. Contamos con cientos de soluciones ambiguas en frascos opacos, que le ayudarán a conseguir superar lo que pensó que ya no tenía cura.
Contra la monotonía tenemos las más efectivas cápsulas de felicidad. Rompen con la rutina creando en el sujeto una sensación diferente. Su duración dependerá del nivel de monotonía alcanzado hasta el momento.
Contra la pasividad contamos con los mejores antioxidantes que le permitirán sentir que sus articulaciones y huesos necesitan moverse incluso cuando no esperara tener que hacerlo.
Contra la soledad nada mejor que la dosis adecuada de anticuerpos. Producirán en usted una agradable sensación de que sí existe alguien que se preocupa por lo que le ocurre y hasta le defiende de quienes le atacan a cualquier escala.
Contra los comportamientos antisociales le ofrecemos anticongelantes de la mejor calidad. Se trata de una medicación muy novedosa que ya ha demostrado su eficacia en un alto porcentaje de pacientes.
Contra las heridas tenemos todo un elenco de gasas, tiritas, compresas y esparadrapos que conseguirán ocultar el problema para fomentar una mejor recuperación en las condiciones óptimas.
Contra los golpes y el dolor le ofrecemos cuidados intensivos. Dependiendo del caso diagnosticado le propondremos un programa personalizado que reducirá y convatirá todo tipo de molestia. Además le aseguramos que la reducción de efectos secundarios será total.
Todas estas opciones son totalmente compatibles entre ellas sin necesidad de que sean contraproducentes para su organismo. Para más información consulte las instrucciones que acompañan los productos. Éstos y muchos otros son los remedios que ofrecemos. Como verá, hay soluciones para todo así que no dude en consultarnos.
Le recordamos que la supervivencia ya no depende de nosotros…
23|05|08
No sé por qué pero tengo la impresión de que debí ser esa clase de niño que llora por cualquier tontería, cuando en realidad lo hace porque simplemente está agotado y ni él mismo es consciente de que está escondiendo el verdadero motivo.
En caso de haber sido así, creo que ese niño sigue de alguna manera dentro de mí. Pero cuando te crees un adulto lo ves claro. La calle, sobre todo por la tarde, está llena de lloricas. Gente que a su edad sollozan de cualquier manera porque no quieren lo que tienen o quieren lo que no tienen. Es fácil también encontrar el gemido del dolor de aquel que primero consulta a los de su alrededor para calcular en qué intensidad le debe doler según quién esté presente y su reacción al respecto. O cómo olvidar el llanto vacío del que sólo pretende llamar la atención con cualquier excusa.
Qué fácil es gimotear. Tan fácil como creemos que es la vida de un niño. Tan fácil como no querer dejar de serlo. Tan fácil como evitarlo a toda costa y ni darse cuenta. Tan fácil como seguir siendo un llorica por no querer lo que se tiene o no tener lo que se quiere; o por un dolor relativo; o, peor aún, simplemente por llamar la atención.
Es el peligro de haberse quedado atrapado en el niño, y no al revés…
22|05|08
He aquí quien cada día madruga tanto como todos aquellos con quien se cruza. He aquí quien con más o menos ganas avanza hasta su destino, el de cada mañana. He aquí quien si pierde el primero, pierde el segundo. He aquí quien comparte desplazamiento con sus conocidos relativos. He aquí, estamos aquí.
En el elefante amarillo que transporta sus parásitos. Parásitos que sin más existen, felices de ello y tan orgullosos como indefensos. De ojos entreabiertos y oídos espabilados. De bocas torpes y cerebros dormidos.
He aquí las ansias de los despiertos. Las ganas de quienes no tienen otra que el ritual de ocupar la misma plaza, saludar y despedir a los mismos incluso en silencio y abandonar al resto llegado el momento.
He aquí yo, y todos los demás…
21|05|08
Dentro de mí hay una fiesta en la que todo el mundo está de acuerdo con la música que escuchan y a cada uno le da por hacer lo que más le apetece. Hay gente bailando, gente charlando, otros prefieren simplemente mecerse solos mientras piensan con la mirada perdida sobre cualquier pensamiento positivo que les llega espontáneamente a la cabeza. Todos están viviendo sensaciones que les llenan. Todos definen el ambiente como más les conviene para llegar a estar tan cómodos como no recuerdan haber estado nunca. Todos disfrutan. Dentro de mí hay una de esas fiestas que ocurren muy pocas veces en la vida y que seguro que a nadie le importaría que nunca terminara.
Pero dentro de mí, al mismo tiempo y en otro contexto, hay un ambiente que bien podría parecerse al de un velatorio. Donde las penas son más que problemas, y cualquier problema produce una nueva pena. Donde parece que cualquier tiempo pasado fuera mejor, aunque los recuerdos tampoco sirvan para sentirse orgulloso de uno mismo. Todo es oscuro. Sólo hay motivos negativos por los que perder las ganas de todo. Dentro de mí todo parece irremediable y no hay ningún ápice de esperanza por lo que vendrá.
Y así conviven dentro de mí. Los unos manchan de alegría sus penas y los otros están presentes subconscientemente en las alegrías de los unos. Y todo va y viene. Todo sube y baja. Y el mareo es constante. Y las conclusiones inexistentes. Y los resultados incoherentes. Dentro de mí hay motivos para pedir perdón por existir, tantos como para seguir aupándome hasta superar lo insuperable.
Dejo constancia…
19|05|08
17|05|08
No recuerdo bien mi vida en 1995. De eso ya hace trece años y por aquel entonces yo era una versión aún más joven de mí mismo. Inconsciente como toca a esa edad pero lo suficientemente curioso para contrarrestar mi inocencia.
1995 fue el Año Internacional de la Tolerancia según la ONU. Un año en el que Miguel Indurain ganó su quinto Tour de Francia de forma consecutiva, algo que no había conseguido nadie antes y supongo que nadie habrá superado hasta ahora. Un año en el que la folclórica que nos pidió una peseta a cada español, Lola Flores, murió, dejando tanta “pena, penita, pena” en el ambiente que su hijo, Antonio Flores, no pudo más que ir en su busca al otro mundo 14 días después. Un año en el que en España se estrenaba “El día de la bestia” y, a nivel mundial, el 3D conquistaba el cine y a los espectadores con “Toy Story“.
El caso, como decía, es que era joven. Sí, de eso no cabe duda. Supongo que haría lo que la gente de esa edad. Ir al colegio, ver la tele, merendar sandwiches de nocilla y considerar importante lo que con el tiempo perdería su valor. Como todos. Y visto así y desde la presunta madurez que otorga el relativo paso del tiempo, me siento a años luz de aquella época. Identificado simplemente por ser la causa pasada de las consecuencias presentes, pero poco más.
Pero ahora hago doble click sobre una línea en mi TFT y recuerdo de golpe y porrazo todos los momentos en los que apretaba el botón de play del walkman para escuchar lo que también hoy he escuchado. ¿Cómo es posible que me siga sintiendo identificado con lo mismo que ya lo consiguió cuando yo era lo que no creo ser ahora? ¿Cómo es posible que también se adapte a lo que soy hoy e incluso más que nunca? ¿Cómo es posible viajar al pasado sin ni siquiera haberlo intentado?
Son los efectos de esta pequeña pastilla dentada…
16|05|08
Esta mañana mientras me duchaba se ha ido la luz y, lejos de sentirme totalmente desprotegido, he deseado que no volviera. Porque viviría los días como noches. Protegido por la oscuridad, donde todos los gatos son pardos. Animales, personas y cosas que no se ven, pero se sienten como presencias que son. Donde el primero, segundo, tercero y todos los demás no responden a ningún orden sino al simple género de los ordinales.
La oscuridad me ilumina. Vivir, sí, muchísimo, pero en la oscuridad. No se trata pues de un pensamiento gótico sino de un concepto mucho más platónico.
Porque no necesito ver para creer. Verte para quererte. A penas tocarte para sentirte. Y esta oscuridad, esta lejanía y este abismo lo comparto con todo el que esté dispuesto a guiarme con su aura propia. Hasta el final de la oscuridad, donde se abre la brecha que te lleva al día. Pero no al que comienza hoy, sino a la mañana que amanece una vez para ya no volver a anochecer nunca más.
Pero la corriente electrica, que no la luz, volvió…
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