Hay días que no esconden nada especial. Esos días en los que te levantas tarde simplemente porque sabes que estar en la cama es mucho más apacible que estar buscando y decidir qué hacer, aunque exista toda una lista de cosas pendientes y un interminable elenco de posibilidades por descubrir.
Son días para finiquitar temas burocráticos, cortarse el pelo, hacerse fotos, ver una película u otras muchas ocupaciones más o menos voluntarias y apetecibles. Pero también son días en los que nada te parece suficiente. Son días en los que sabes que sólo estás preparándote para lo que vendrá pero aún así sientes la necesidad y las ganas de calentar para no tener que comenzar a correr en frío.
Y es que cargo con un defecto de fábrica: me despisto un momento y me vuelvo ocioso. No me gustan esas cintas transportadoras que te hacen ver como va quedando todo atrás sin que tú muevas las piernas. Hay otras muchas cosas que no me gustan. Y seguramente haya muchas más que me gusten. Mientras tanto aquí estoy, quieto y sin que nada me mueva hasta que yo mismo lo decida.
Desde el silencio de esta habitación del burdel y frente al escándalo que llega hasta ella desde diferentes fuentes, ya sólo me queda coger esta servilleta y este boli para poder explotar de alguna manera lo que de otra forma sería demasiado violento y traumático.
Tumbado en la cama me siento como la cucaracha kafkiana frente al mundo exterior que no le entiende ni lo pretende. Solo como único interlocutor de mi propia comunicación no puedo evadirme ni evitar el rechazo absoluto de cada una de las incongruencias que escucho. Diferentes voces que se superponen en cuanto a lo físico y conceptual. Ahí cada cual habla por hablar desde su propio yo único e intransferible y se sirve de los demás (quienes tampoco aceptan la posibilidad de otras opiniones) para auparse más y más en sus respectivos y bien formados egos.
No creo que haya solución. Hay gente que no cambia, no puede cambiar ni quizás merezca la pena esforzarse por hacerles cambiar si el poblema está tan fuertemente basado en la raíz.
Y yo aquí. En esta que no es mi cama y que nunca lo fue pero que siento más mía que todo lo que tiene movimiento propio ahí fuera. Al menos me ha ofrecido el mayor placer que he podido sentir entre estas paredes.
Últimamente me planteo lo que es posible, lo que no y lo que socialmente está establecido como imposible o difícil pero que en realidad no es como parece. Ya lo dije y lo repito y lo seguiré repitiendo más aún, los límites entre posibilidad e imposibilidad están en uno mismo.
Seamos críticamente activos y activamente críticos…
Últimamente siempre termino llegando a conclusiones que me llevan al mismo concepto, el miedo. Parece ser que lo que ha ocurrido y lo que ocurre en mi vida y en las respectivas de los que me rodean viene siendo repercutido en mayor o menor medida por el miedo.
Una película de terror nos hace pensar en lo vulnerables que somos (y si no es así, es que sólo se trata de un sucedáneo del género). Incluso cuando alguien nos sorprende violentamente sin haber sido visto hasta ese momento, nos asustamos y pensamos en la estupidez de nuestro acto en base a las consecuencias que existen más allá de nuestros reflejos.
Pues bien, esos son ejemplos básicos y casi cotidianos del poder del miedo sobre nosotros. Pero resulta que a todos nos frena algo; cualquier cosas que nos suponga un reto, cualquier situación a la que no estemos acostumbrados, cualquier momento en el que tengamos pocas posibilidades de demostrar lo que en otras circunstancias seríamos capaces de hacer sin problemas o, en definitiva, cualquier actitud que creamos que repercutirá en la manera en la que el resto nos mira y juzga.
Pero, entonces, ¿el miedo es intrínseco en el ser humano? ¿Hay forma de evitarlo? ¿Algún modo de curarlo? ¿Merece la pena? Creo que, aunque se contradigan, la respuesta a todas las preguntas se resumen en sus correspondientes síes. Digamos que existe en nosotros como quien tiene más o menos pelo. Esta metáfora me sirve además para ir más allá y nombrar las posibilidades de peinado que tiene quien mejor o peor se cuida su cabello.
Sin duda, uno se siente mejor cuando piensa que controla sus miedos. Y más aún cuando se da cuenta de que es cierto y que las consecuencias siempre son positivas por partida doble: una por el simple hecho de haber sido capaz de superarlo y otra por la libertad que viene necesariamente dada al haberlo conseguido.
Porque nuestra libertad es lo que le ganamos al miedo…
Personne peut nier qu’Internet a été l’invention qui a révolutionné le mode de vie des citoyens du nouveau siècle. Son influence a été aussi forte qu’on a changé la structure et les relations sociales. Mais le pouvoir d’Internet n’est que virtuel et, dans cette virtualité, rien n’est comme il semble.
Il y a beaucoup de moyens pour contacter les autres à travers Internet. On peut utiliser l’e-mail, le chat, le forum et d’autres formules en dépendant de facteurs comme les intentions ou le degré de confiance avec l’interlocuteur. Mais tous ont quelque chose en commun, quelque chose que fait qu’une cyber-relation ne puisse pas être aussi complète qu’une autre qui n’a pas d’intermédiaires technologiques. Ce sont les limites qui sont marquées par le moyen.
Alors, à mon avis, Internet est la meilleure manière pour connaître des gens qu’il serait impossible de connaître sans cette technologie. Et, en plus, il n’y a pas d’autre moyen aussi rapide et efficient pour garder le contact avec les connaissances qui sont loin ou avec ceux qui ne peuvent pas avoir rendez-vous souvent. Mais tous ces avantages ne sont pas suffisants pour dire qu’on peut avoir une relation complète basée sur Internet.
Est-ce qu’on pourrait vivre seulement avec des amis virtuels? Est-ce qu’on pourrait vivre sans profiter les cinq sens? Est-ce qu’on peut vivre dans une chambre pour toujours? Les réponses sont négatives parce qu’
Internet n’est qu’un outil, pas un simulateur de la réalité…