Veo en un documental (ya ni digo que leo en un libro) que muchos de los llamados genios no son más que cerebros con fallos de fábrica. Un neurólogo de la Universidad de Sidney hizo unos experimentos en los que demostraba esto. Creo que se llama la “teoría de la tiranía del lóbulo izquierdo”, porque los genios tienen el lóbulo derecho desatado, sin control por el izquierdo (como lo tenemos el resto de los mortales), y esa es la causa de su genialidad y de todo su sufrimiento.
El experimento de Snyder consistía en estimular con descargas eléctricas no sé qué parte del cerebro y darles a leer unos textos muy breves antes y después de las descargas. Los textos contenían reiteraciones, erratas, letras cambiadas de orden… Antes de la descarga, la gente leía los textos corrigiendo automáticamente los errores, como hacemos todos cuando encontramos un fallo al leer algo. Es decir, si el texto decía “La casa es es amarilla”, la persona leía “La casa es amarilla”. Sin embargo, después de estimular el cerebro, todos leían el texto tal cual, y decían en voz alta “La casa es es amarilla”. Se estaban comportando como genios, con el hemisferio izquierdo desinhibido.
Porque, al parecer, lo que caracteriza a un genio es que no discrimina entre lo que es importante y lo que no. Ellos perciben el mundo tal y como es, sin abstracciones ni generalidades. Nosotros vemos un edificio con ventanas. Ellos ven un edificio de ocho pisos con diez ventanas en cada uno, siendo la del centro más alargada que las otras y sin persiana, con un portal de puerta negra marcado con el número 8 y la puerta de un comercio amarilla y naranja donde venden 43 variedades de frutos secos, etc.
Otras investigaciones dicen que los genios, debido a este fallo en el filtro de la percepción, sienten constantemente vértigo, porque no pueden asimilar toda esa información. Por eso la canalizan de alguna forma que les resulte asimilable. Se convierten en genios por pura supervivencia, para ordenar el caos de estímulos que les rodea y traducirlo en sinfonías, cuadros o fórmulas matemáticas comprensibles para ellos.
O sea, que las neurociencias dicen que los genios no sólo existen, sino que son unos mártires de su genialidad y no deberíamos envidiarlos. Qué cosas, ¿no?
Un día una niña te dice: señor páseme el balón. Un día un niño te dice: señora, ¿podría decirme la hora? Un día le hablas a alguien de la Bola de Cristal y no sabe de qué le estás hablando. Un día le hablas de Mazinger Z, Starsky y Hutch, Naranjito, Marco, Heidi, Uve, del año 2000, de Supermán, La Naranja Mecánica, el 128k, el Spectrum, Enrique y Ana, Parchís, el parchís, del puente a puente y tiro porque me lleva la corriente, de Verano Azul, la Ruperta, Sabrina, o lo peor de todo… del billete de cien pesetas, ¿y sabes qué?, no sabe de qué demonios le estás hablando. Y es que aunque no lo parezca… nacimos el siglo pasado.
Cuando llegues a Madrid, chulona mía
voy a hacerte emperatriz de Lavapies;
y alfombrarte con claveles la Gran Vía,
y a bañarte con vinillo de Jerez.
En Chicote, un agasajo postinero
con la crema de la intelectualidad
y la gracia de un piropo retrechero
más castizo que la calle de Alcalá.
Madrid, Madrid, Madrid,
pedazo de la España en que nací
por algo te hizo Dios
la cuna del requiebro y del chotis.
Madrid, Madrid, Madrid,
en México se piensa mucho en tí
por el sabor que tienen tus verbenas
por tantas cosas buenas
que soñamos desde aquí;
y vas a ver lo que es canela fina
y armar la tremolina…