No hay peor defecto que el recriminar a alguien un defecto que esa misma persona comete. Y es ésta, desgraciadamente, una muestra frecuente en contra de la coherencia humana. Qué sentido tiene que no me hables porque no te hablo. O que no me des más porque te doy menos. O que no me des menos porque te doy más. O matar a alguien por el hecho de haber matado.
Cualquier decisión tomada únicamente en base a lo que el de en frente piensa, puede pensar, hace o puede hacer, es errónea. Ser consecuente, actuar de manera lógica según los propios principios. O acaso no estamos seguros de lo que defendemos. De qué sirve reforzar aquello de lo que nos quejamos.
Entonces, en lugar de darme más silencio del que dices que yo te doy, por qué no pruebas a hablarme para que yo te conteste. O por qué no me das de más o de menos para que yo te dé ni más ni menos que lo que considero que tengo que darte según lo que recibo. Y por qué matar a alguien por haber matado si puede venir alguien y matarme por la misma razón.
Al final quien más exige es quien menos da…