Hoy ha ocurrido algo curioso. Esta mañana en mi casa-habitación eramos tres personas representando tres países: España, Chile y el Libano. Y más tarde han venido dos amigos más de nacionalidad española e israelí. Obviamente, dada las circunstancias actuales, lo curioso del momento es cómo han compartido el mismo espacio (tan minúsculo) dos personas cuyas raíces parece que les obligan a estar enfrentadas. En principio la israelí no sabía que la otra era libanesa y la libanesa no sabía que la otra era israelí por lo que las presentaciones han sido tan normales y se han tratado como cualquier otra de esas personas que conoces aquí de las que sólo sabes que viven en Tokyo pero no de dónde vienen (porque tampoco es lo que más te importa en un primer momento).
De todas esas personas con quien más unido me siento es con la del Libano (porque tengo más confianza con ella independientemente de sus ideales, los cuales desde luego no rechazo) y hemos hablado mucho sobre la situación en Oriente Medio y cómo de difícilmente lo viven de forma directa sus familiares, amigos y amigos de amigos. Además ha adelantado su vuelta porque su padre ha sido evacuado del país y los ánimos no están como para que esté al otro lado del mundo.
Por otro lado, hoy la israelí me ha pedido indirectamente usar el ordenador porque quería informarse sobre las últimas noticias. Cuando ha terminado parecía preocupada porque parece ser que tiene bastantes amigos cumpliendo el servicio militar, lo que implica que participen directamente en esta guerra. Buscaba emails e información en periódicos digitales sobre sus conocidos y no ha encontrado de todos.
Y he aquí la estupidez de las guerras. Yo desde fuera siempre lo veré como algo estupido pero no creo que compartan mi opinión ninguno de los dos bandos. Sólo veo dos personas viviendo similares experiencias desagradables (y aún tienen suerte de no estar en el terreno de batalla) estando uno frente al otro.
La dos caras de la misma moneda…