El gran MarkitoXs me ha enseñado esto y no me he podido resistir a enseñarlo por aquí. Este programa lo hacen todas las mañanas en la NHK y es para niños. Normalmente consiste en canciones, dibujos animados cortos y algún que otro juego.
Este vídeo es un ejemplo de la disciplina japonesa y de cómo se inculca en la sociedad desde la infancia. El baile es divertido y seguro que todos queréis reunir unos cuantos amigos para ver si os sale pero desde luego la letra es lo que no tiene desperdicio…
Hace unos días me hicieron esta pregunta y hoy va a ser respondida breve y claramente. だるま o daruma viene de la palabra budista dharma (que al menos en el budismo tradicional hace referencia a las doctrinas sobre Buda). Pero aunque el daruma japonés esté originalmente relacionado con la religión, su uso actual es más independiente.
El daruma es un muñeco sin brazos ni piernas que se supone que es capaz de concederte un deseo. Su estado original es parecido al que se encuentra a la izquierda en la foto anterior. Lo consigues con ojos blancos y, en el momento que le pides el deseo, le dibujas una de las pupilas (creo que es más normal que sea la izquierda a pesar de que en la foto se le haya pintado primero la derecha). Y así quedará hasta que el deseo pedido se cumpla, momento en el que se le dibuja la otra pupila en señal de agradecimiento (quedando como el daruma del medio de la foto). Después mucha gente lo lleva a los templos para quemarlos o simplemente lo mantienen como trofeo.
Hay muchos tipos de muñecos pero normalmente suelen seguir un diseño y forma parecidos. Suelen ser rojos, can cara no muy amable y con un kanji escrito en el centro que suele estar relacionado con el deseo que se pide. Además, a la espalda del muñeco, tiene que escribirse el nombre de quien lo pide.
Nadia perdió el otro día el monedero vieniendo a mi casa. Se dio cuenta cuando ya hacía un rato que había llegado. Estuvimos buscando por los 4 rincones de mi アパート [apâto o "apartamento japonés"] de unos 10m² y a los 15 minutos de mover y remover todo de un lado para otro nos dimos cuenta de que era difícil que estuviera dentro. Fuimos al コンビに [combini o "tienda de conviniencia"] por el que había pasado antes de venir porque era el último lugar donde recordaba haberla abierto. No había nada.
En Japón el número de hurtos es tan mínimo (por no decir nulo) que ni se nos pasó por la cabeza esa posibilidad así que seguimos buscando por las calles por las que había caminado. A menudo cuando alguien encuentra algo en el suelo que no es suyo lo que hace es apartarlo a un lado del camino para que no esté en medio y dejarlo en un sitio no tan visible para cualquiera pero encontrable para quien lo esté buscando. Pero ni por esas encontramos nada.
Dentro no sólo había unos 8.000 yenes sino tarjetas y demás identificaciones necesarias para vivir en Japón como la alien registration card o el carné de la universidad. Por eso, después de un buen rato buscando, terminamos yendo a la 交番 (こうばん o koban o “comisaría de barrio”) para denunciar la pérdida. Nadia relleno unos papeles con su nombre y poco más pero prácticamente no le dio tiempo a acabar cuando ya tenía su monedero perdido encima de la mesa. Por supuesto, alguien lo había encontrado y lo había llevado allí… ¿por qué no? Y mira tú por dónde pero tenía todo el dinero que había dentro cuando lo perdió… Y ahora viene lo interesante. Hubo que firmar un papel que hacía comprometerte a que llamarías a la persona que se encontró tu pérdida para agradecérselo (y los agradecimientos japoneses no son nada comparados con “los agradecimientos españoles”) y, además, ofrecerle el 20% del dinero que tenía la cartera en el momento de la pérdida a modo de recompensa. En España… bueno, en Europa… bueno, en el resto del mundo… la gente no se comportaría tan civilizadamente ni sabiendo que tendrá una recompensa material (y otra sentimental…). ¿Para qué? Si el 20% de lo que te dan es un 80% menos de lo que consigues si te quedas el monedero entero y te vas para casa…
Y lo mejor de todo es que en Japón esto no se hace por la recompensa porque pongo la mano en el fuego a que sin ella ocurriría lo mismo… Debe haber una posibilidad de un 98% de que si pierdes algo aquí lo termines encontrando… y con un poco de suerte te lo terminan llevando a casa. Conozco mucha gente (incluyéndome unas cuantas veces) que han perdido muchas cosas de diferente valor y casi siempre se ha terminado solucionando (”casi siempre” a pesar de no recordar ninguna situación con final negativo…).
Supongo que no hay remedio para no cumplir años cada 365 días (o uno más los bisiestos) y así lo llevo haciendo ya 21 veces… Lo que nunca me había conseguido es pasar el día en el otro lado del mundo y celebrarlo con más gente alrededor de los que vendrían a mi fiesta de cumpleaños en España. Y, claro, por haber nacido en estas fechas más de un cumpleaños me lo he pasado estudiando y aunque ahora note algo del estrés universitario, este año ha implicado muchas cosas como para que unas cuantas hojas con muchas cosas interesantes (o no) por aprender lo eclipsen.
No es sólo el cumpleaños de los dos patitos sino que es una de las primeras さよならパーティー (o Sayonara Party) de todos los que hemos pasado aquí un año. Ya hay gente que se empieza a ir esta semana, quien se va la siguiente y la mayoría lo hará en poco más de dos. Y aunque yo me quede hasta dentro de dos meses más, desde luego no será lo mismo sin muchos de los que me han acompañado aquí durante todo este tiempo. Es curioso como gente a la que prácticamente has visto día a día durante meses y meses desaparece de tu vida para existir en un mundo paralelo en el que sabes que siguen existiendo… y que seguro que te recuerdan… pero haciendo lo que dejaron de hacer para, entre otras cosas, conocerte… algo que en principio tiene poco que ver contigo.
Y así miles y miles de vidas entrecruzadas de gente que conoce a otra y que le hace tener algo que le une a un sitio en el que quizás nunca ha estado e incluso nunca llegue a estar. Una lástima que no deja de ser interesante… En fin, feliz 22 cumpleaños para mí en lo que ahora me pertenece… y de lo que espero que en adelante por lo menos me pertenezca a base de ejercicio mental.
Y que cumpla muchos más por aquí o por allá o más allá…
La verdad es que no recuerdo cuando fui por última vez a unos recreativos a gastarme unas cuantas monedas… De hecho ahora mismo no recuerdo si he llegado a hacerlo cuando esas monedas dejaron de ser pesetas. El caso es que el otro día terminé con unos amigos prácticamente sin haberlo deseado en unos recreativos que hay cerca de mi casa. Esta vez no sólo nos sacamos unas cuantas fotos en el purikura (プリクラ) [sobre lo que prometo postear algún día] sino que también jugamos a unos cuantas máquinas de esas que sólo creo que existan en Japón.
Volví a sentir de nuevo mi época de niñez y adolescencia pero al mismo tiempo era algo así como un pasado paralelo ya que el Street Fighter, el Tekken y demás estaban al otro lado de la sala… un tanto apartados. Aquí van alguno de los vídeos:
Jugando al ping-pong
Tocando la batería (la cámara no era de quien grababa…)
La llegada a Shinjuku en cualquiera de las líneas que empiezan, terminan o simplemente pasan por esta estación es cuanto menos impresionante. No es que sea la única en Tokyo con vías y vías en paralelo o en perpendicular a diferente alturas, pero es que quizás simplemente el hecho de saber que estás llegando a la estación más grande y concurrida del mundo ayude a reforzar esa sensación.
Me encanta cuando, aunque sea durante unos segundos, un tren a la misma velocidad aparece derrepente al lado del tren en el que tú estás y ves a los que viajan en él viajando contigo. O mejor es cuando ese tren va un poco más rápido o un poco más lento y les ves pasar sin entender muy bien quién adelanta a quién o a que velocidad te estás moviendo. Y sin duda lo mejor es cuando ese tren que viaja junto al tuyo desaparece por un momento porque las vías han dejado de ir en paralelo y ves como se aleja (y con suerte ves como se vuelve a acercar).
Sin duda no es nada que se pueda describir con palabras. Es una de esas ocasiones en las que quizás ni viéndolas puedes valorar todo lo que otra persona saca de provecho de ese mismo momento.
Si una familia japonesa te invita a su casa para ir a comer, cenar o tomar el té, debes saber qué hacer en cada momento porque, una vez más, existe toda una serie de rituales que hay que seguir dependiendo de tu papel de anfitrión o invitado. De manera general y por orden cronológico, he aquí un esquema de lo que seguramente ocurra:
- La fecha se suele concertar con bastante tiempo de antelación quizás porque cualquier persona que viva en Tokyo seguramente no esté preparada para tener nuevos planes en un plazo menor a pocos días.
- Si lo anterior se ha cumplido, no está demás recordar y confirmar tu disponibilidad un día antes del encuentro.
- Prácticamente seguro que el invitado vaya en tren a la casa del anfitrión por lo que este último (a no ser que haya mucha confianza entre ellos) debe ir a recoger a su visita a la estación y acompañarle a su casa andando o en coche propio o por cualquier otro medio.
- Una vez el invitado entra a la casa tiene que repetir las veces que sea necesario todo el elenco de frases de cortesía que el idioma japonés guarda para tal ocasión. Tales como お邪魔します (おじゃまします u “ojama simas”) cuya traducción en español sería “le estoy molestando”. Por supuesto, el invitado también tiene que agradecer la invitación y el anfitrión la visita así como piropos varios hacia la casa, el otro, etc.
- No es nada recomendable presentarse a una casa a la que te han invitado sin ningún regalo. Lo más socorrido siempre será algún vino o los postres que acompañen a la comida. El detalle se dará a la entrada y el anfitrión lo agradecerá tanto que parecerá que ninguna otra cosa hubiera sido más acertada.
- La preparación de la comida o la cena dependerá de las circunstancias pero será lo más parecido a lo que en Occidente preparamos una vez al año… el día de Navidad.
- El anfitrión tendrá que agradecer repetidas veces las molestías que se tomó quien preparó el festín y, por supuesto, hacer hincapié en lo delicioso que está cualquier cosa que se meta en la boca. Para eso se puede hacer uso de uno de los adjetivos clave para la sociedad japonesa: 美味しい (おいしい u “oishii”).
- Tras conversaciones varias mientras se come, llega el postre y finalmente el té. Es posible que el té llegué cuando ya hace un tiempo que no se está comiendo nada. En ese caso el anfitrión seguramente empiece a sentir que se está haciendo tarde y “está invitando de forma indirecta al invitado no a que se vaya sino a que empiece a sentir que se tiene que ir”.
- El invitado tendrá que notar por sí mismo cuando es el momento de marcharse. En caso de que sea el anfitrión el que primero lo piense, éste dejará caer ciertas indirectas universales para que el invitado se dé por aludido. Este momento es peligroso para personas de otra cultura porque todo es tan sútil que no se llega a percibir si no conoces las maneras japonesas. En algunos lugares incluso existe algún producto como cierto té o pastelillo que sólo se ofrece cuando el anfitrión piensa que es hora de que el invitado se vaya por lo que el invitado ya sabe lo que tiene que hacer.
- En el momento de la despedida, ambos tendrán que agradecer al otro todo lo ocurrido y nuevamente hacer uso de todas las frases que existe para ese momento en japonés como por ejemplo お邪魔しました (おじゃましました u “ojama simashita”), que literalmente significa “le he molestado”.
- El anfitrión seguramente acompañe al invitado de vuelta a la estación o incluso es posible que le invite a tomar un taxi ofreciéndole el dinero. En ese caso, el invitado seguramente debería rechazarlo de una manera elegante.
- Finalmente, ya de vuelta, el invitado mandará algún mensaje o llamará por teléfono a quien fue el anfitrión para agradecerle todo lo que hizo por él.
Y así seguirá (o no) la relación entre anfitrión e invitado…