Pasión rasgada · 572
No creo haber asistido a ningún espectáculo de flamenco en España. Me suena que una noche de hace muchos años vi en un rincón de la Plaza Mayor de Madrid a alguien que se atrevió a taconear en un tablao de usar y tirar. Me debió impresionar lo poco que vi porque aún lo recuerdo pero a parte de eso mi relación con el flamenco es más o menos igual de escasa que la de la media de españoles.
Pero por varias razones desde que vivo en Japón el flamenco paradójicamente ha empezado a llamarme la atención. He ido encontrando a varios japoneses que de una manera u otra estaban relacionados con el baile andaluz y sólo en mi más o menos modesto barrio he encontrado (por ahora) tres escuelas que por un precio no tan módico dan clases de arte flamenco.
Y es que los japoneses quizás estén tan hambrientos de Occidente como se dice pero en este caso no se trata de hamburguesas o llevar pantalones anchos porque una empresa lo ha puesto en el mercado y ha hecho que la gente se interese por consumirlo. Aquí hay gente a quien le gusta el flamenco como al más futbolero de los españoles y llegan a hacer de eso un alto porcentaje de su vida. De hecho, Japón es el segundo país del mundo que más flamenco consume y produce (después de España, por supuesto) y es aquí donde existen publicación especializadas sobre este arte aunque en España no haya ni una.
Pasión debe existir en todos los rincones del mundo pero creo que está claro que no todo el mundo la sube expresar y ni siquiera usar. Creo que la cultura japonesa está tan basada en el respeto que el exteriorizar cualquier cosa se hace con tanto cuidado que se pierde por el camino mucha espontaneidad. Pero a pesar de todo queda demostrado que la sangre corre por las venas de cualquier humano en la Tierra y que se puede aprender a canalizar y expresar los sentimientos mediante varios sistemas como puede ser el flamenco. Y eso es lo que parece que algunos japoneses consiguen. Algo que a priori parece requerir características incompatibles con la media del comportamiento japonés, supera todo eso y alcanza el nivel (e incluso lo puede llegar a superar) de a quien le debería resultar naturalmente más fácil.
Entre el viernes y el sábado asistí tres veces al espectáculo llamado “Vamos” que el club de flamenco de mi universidad organizó. Quizás jugaran con la baza de que no esperaba gran cosa de un grupo que en principio no podría considerarse profesional pero me equivoqué y me resultó tan impresionante que no tuve suficiente con ir una sola vez a verlo. Intentaré hablar con la gente del club para sacar conclusiones y me gustaría saber cómo se prepararan para la gran competición de flamenco (como si se tratara de un partido de béisbol) del próximo 1 de julio entre mi universidad (Waseda) y una de sus grandes rivales, Keio.
Seguiremos zapateando…






